La relación entre Patricia Bullrich y el círculo presidencial atraviesa su momento de mayor tensión. Lo que meses atrás eran discrepancias puntuales se transformó en una sucesión de gestos, declaraciones y encuentros que en Balcarce 50 observan con creciente inquietud, mientras crece la percepción de que la senadora construye un perfil propio con miras a 2027. Encuestas que la ubican con mayor techo de crecimiento que el Presidente y reuniones con referentes del sector empresarial, como los hermanos Rocca, alimentan la hipótesis de que figuras influyentes comienzan a verla como una alternativa viable.
Desde febrero, Bullrich mantiene una deliberada estrategia de diferenciación: su objeción de conciencia en el pliego de la jueza María Verónica Michelli, sus críticas al manejo del caso Adorni, los reclamos por «mayor velocidad» en los resultados económicos y, más recientemente, su rechazo a los recortes en materia de discapacidad incluidos en el Presupuesto 2027 —al que calificó de «bomba atómica» y motivo para sentirse «tomada de tonta»— marcaron distancias claras con el rumbo oficial.
El gesto más comentado fue la difusión de un video en el que tararea la canción «No me importa» de Lali Espósito, justamente la artista más cuestionada por Milei. La frase «no voy a cambiar por mucho que ladren» fue interpretada dentro del oficialismo como un mensaje directo a la Casa Rosada, apenas 24 horas después de que la senadora criticara duramente al ministro Luis Caputo por los ajustes en políticas de discapacidad. La tensión interna ya no se oculta y la disputa por la imagen del espacio libertario se volvió manifiesta.