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Tres años después de ganar las elecciones prometiendo un ajuste drástico, Javier Milei debe ahora sostener la gestión en medio de un recorte permanente que hizo implosionar su gabinete y condiciona cualquier posibilidad de ampliar su base de apoyo. Los gobernadores mantienen cautela y no se cierran los acuerdos electorales; la reforma política avanza sin garantías de aprobación; y Patricia Bullrich desafía abiertamente la autoridad presidencial, dejando al descubierto la fragilidad del llamado “Pacto de Acassuso”. La crisis interna se profundiza aunque desde el oficialismo intenten disimularla.

Los números confirman que la realidad choca de frente con el discurso optimista. En el segundo trimestre la economía se contrajo 0,6%, el consumo privado cayó 2,4% y la inversión retrocedió 0,8%, sumando cinco trimestres consecutivos de caída. La desocupación alcanzó el 7,9% a nivel nacional, con picos del 11,5% en el Gran Rosario y 10,5% en el Gran Córdoba. La informalidad trepó al 45% de la población, incluso tras la reforma laboral aprobada en febrero, y los precios mayoristas volvieron a subir 2,1% en agosto tras la pausa de julio. El Riesgo País supera los 500 puntos y la suba de tasas en Estados Unidos complica aún más el acceso al crédito externo.

La morosidad también marca un deterioro profundo: en los hogares llegó al 12,9%, un salto de 10,4 puntos desde octubre de 2024, y en las empresas pasó del 0,7% al 3,6%. Según Fundar, desde el inicio de la gestión cerraron 31.342 empresas. Mientras el Presidente viaja a Nueva York para exponer ante Naciones Unidas y reunirse con inversores, este jueves se conocerán nuevos datos sobre el aumento de la pobreza, en un escenario donde el dogmatismo choca cada vez más con los efectos cotidianos de la crisis.