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Los fertilizantes, al igual que el gas —su materia prima principal—, representan hoy una doble realidad para la economía argentina. Por un lado, el aumento sostenido de sus precios y las dificultades para garantizar su abastecimiento generan mayores costos de producción y ponen en riesgo el rendimiento de las cosechas, afectando directamente a uno de los sectores más productivos del país. Pero, al mismo tiempo, esta situación abre una oportunidad histórica para inversiones de gran escala, sustentada en dos ventajas competitivas inigualables: la inmensa disponibilidad de recursos energéticos propios y el acceso directo al Océano Atlántico para la comercialización internacional.

El contexto internacional, marcado por conflictos como la guerra en Medio Oriente, ha disparado los valores de los insumos esenciales. El impacto es directo y fuerte: el precio de la urea, uno de los fertilizantes más utilizados, llegó a subir más del 100%, mientras que el valor de los granos en el mercado solo registró un incremento del 7%, una brecha que complica notablemente la rentabilidad de los productores. Las medidas oficiales recientes, que anunciaron reducciones en las retenciones a las exportaciones de los principales cultivos, no alcanzarán para compensar este efecto negativo durante la campaña 2026/2027, según advierten los analistas del sector.

La Bolsa de Cereales de Buenos Aires ya proyecta una caída del 3% en la superficie sembrada de trigo para el próximo ciclo, un cultivo que junto con la cebada es uno de los dos únicos donde la baja de impuestos comenzará a regir desde junio, mientras que para el resto de los productos agrícolas recién se aplicará en 2027. Como explicó Ramiro Costa, gerente de la entidad, la causa principal de esta reducción es la alta volatilidad de los mercados y el fuerte aumento en los gastos de energía y fertilización, elementos que definen las decisiones de siembra en todo el país.

Sin embargo, ese mismo escenario desfavorable es lo que impulsa los proyectos de inversión. Al contar con Vaca Muerta, la formación de hidrocarburos no convencionales más importante de la región, Argentina tiene la posibilidad única de producir fertilizantes integrando la cadena de valor: desde la extracción del gas natural hasta la elaboración del producto final. Ya se han anunciado iniciativas por más de 4.000 millones de dólares para instalar plantas industriales que aprovechen estos recursos y la salida al mar, lo que permitiría no solo cubrir la demanda interna y estabilizar precios, sino también convertir al país en un gran exportador, transformando una dificultad actual en una fuente de crecimiento y desarrollo a largo plazo.