Buenos Aires – La Casa Rosada ingresó en una nueva etapa de su gestión, marcada por el empoderamiento del sector liderado por Karina Milei en las decisiones políticas y un giro estratégico en la relación con las provincias. Tras un primer tramo caracterizado por posturas más confrontativas, el oficialismo busca ahora construir consensos, tanto en el plano legislativo como de cara al próximo ciclo electoral, en un movimiento que responde directamente a los objetivos de cara a la reelección del Presidente.
Este cambio de rumbo quedó plasmado en el compromiso asumido por Diego Santilli durante una reunión mantenida con Javier Milei en la Quinta de Olivos. Al frente de la nueva estructura política del Ejecutivo, Santilli entiende que su futuro y su posible candidatura a gobernador de la provincia de Buenos Aires dependerán de su capacidad para impulsar las reformas que el Gobierno considera prioritarias, más que de la supervisión cotidiana de las áreas técnicas.
El eje central de la negociación es la reforma política, cuyo punto más polémico es la eliminación o suspensión de las elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO). Para lograr avances en este tema, desde el oficialismo admiten que están dispuestos a ceder en otros puntos del proyecto, con tal de obtener el apoyo necesario de los gobernadores y sectores legislativos que hoy mantienen posiciones distantes.
Sin embargo, este nuevo escenario no está exento de tensiones. La creciente hegemonía del “karinismo” genera desconfianzas entre las distintas facciones internas de La Libertad Avanza, que observan con atención cómo se redistribuyen las cuotas de poder. Mientras por fuera se busca un acuerdo amplio con las provincias, por dentro del Gobierno se mantiene la advertencia de que cualquier desajuste en la convivencia interna podría poner en riesgo el camino trazado para los próximos meses.