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Buenos Aires – La dinámica política en Argentina vive un giro inesperado: el Gobierno de Javier Milei, que llegó al poder cuestionando duramente la “casta política”, atraviesa hoy una profunda reconversión que lo acerca a las viejas reglas del juego. Al mando de esta transformación está Karina Milei, quien se consolidó como la figura que define las decisiones clave, mientras que Diego Santilli asume la Jefatura de Gabinete como el principal articulador de esta nueva etapa, basada en acuerdos, negociaciones y vínculos personales.

Esta estrategia recupera, en los hechos, aquella definición que en su momento planteó el ex diputado Emilio Monzó: “Reivindico la rosca”. Según sus palabras, los consensos y las leyes no se logran por redes ni discursos, sino por relaciones construidas cara a cara. Es precisamente ese modelo el que ahora impulsa el oficialismo, con Santilli como pieza fundamental. Con una larga trayectoria dentro del sistema político, el funcionario cuenta con vínculos consolidados en lo que se conoce como el “círculo rojo”, y su ascenso no es casual: desde hace tiempo buscó acercarse a Karina Milei, convencido de que ella era la llave para acceder a cargos de mayor jerarquía y, eventualmente, postularse a gobernador de la provincia de Buenos Aires, un compromiso que desde el entorno oficial confirman que ya fue ratificado.

En su primera aparición pública al frente del Gabinete, Santilli sorprendió al reconocer la ingeniería política que implementó Néstor Kirchner, como las listas colectoras y la “concertación plural”, herramientas que permitían sumar apoyos y estabilizar alianzas. Ese esquema es ahora el que el Ejecutivo ofrece a los gobernadores de cara a las elecciones de 2027, bajo la supervisión de Karina Milei y con la participación de figuras como Eduardo “Lule” Menem. El intercambio central es claro: apoyo político y flexibilidad en las reglas de juego a cambio de respaldar la eliminación o suspensión de las PASO, un mecanismo que en el pasado generó resultados adversos para sectores como el macrismo.

Pero el reacomodamiento no se limita a lo electoral. También se extiende al ámbito judicial, donde Menem concentra cada vez más atribuciones y empieza a ganar protagonismo en las negociaciones por la renovación del Consejo de la Magistratura. Mientras tanto, el peronismo queda en una posición de desventaja y desorganización, expuesto a la intemperie sin un esquema de unidad claro. A esto se suman las tensiones internas: desde el temor en las filas de La Cámpora por perder influencia, hasta la pelea abierta entre Mauricio y Jorge Macri, que revela que la reconversión del oficialismo también reconfigura las fuerzas de todo el espectro político nacional.