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Buenos Aires – La llegada de Diego Santilli a la jefatura de Gabinete abrió un nuevo escenario político con lecturas cruzadas y desafíos inmediatos. Aunque su objetivo de llegar a la gobernación de la provincia de Buenos Aires sigue vigente, por ahora deberá centrarse en sostener la gestión nacional y equilibrar los intereses de los distintos sectores del oficialismo, entre ellos la figura de Karina Milei y el asesor Santiago Caputo. Al mismo tiempo, una posible movida del peronismo amenaza con cambiar los tiempos y las reglas de juego para los comicios venideros.

En el Gobierno siguen con atención el debate sobre la posible desdoblación de las elecciones bonaerenses para el año próximo, una iniciativa que gana fuerza tras los acercamientos entre el gobernador Axel Kicillof y varios intendentes del PJ. El momento en que se realice la votación definirá gran parte de la estrategia oficialista en el distrito más importante del país y, por extensión, en las presidenciales de 2027. “De eso va a depender todo”, admitió un referente libertario, que espera con ansiedad que el peronismo defina su postura interna.

Uno de los interrogantes más fuertes es si Karina Milei permitirá que Santilli compita por la gobernación mientras ocupa un cargo clave en el Gabinete. Desde el oficialismo advierten que lanzar al jefe de Ministros a una contienda electoral en mayo podría ser muy riesgoso: una derrota o un desgaste fuerte en esa campaña afectaría directamente la imagen de la gestión nacional, justo cuando Javier Milei busca consolidar su camino hacia la reelección. Por eso, muchos lo ven como una “silla eléctrica”: un puesto de alta exposición que puede quemar su capital político en poco tiempo.

Hasta hace pocos días, en el entorno de Santilli estaban convencidos de que era el candidato indiscutido para la provincia. “Está todo arreglado, es él”, aseguraban, y descartaban cualquier disputa interna con otros dirigentes como Sebastián Pareja. Pero con el nuevo cargo y la incertidumbre sobre el calendario electoral, el escenario cambió: ahora deberá priorizar la coordinación del Gobierno mientras espera señales claras sobre si podrá seguir avanzando en su aspiración provincial sin poner en riesgo el rumbo de la administración nacional.