El anuncio realizado por el presidente Javier Milei en cadena nacional reactualizó una discusión que ha recorrido transversalmente los últimos 44 años y once gobiernos distintos en la Argentina: el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas y la histórica disputa con el Reino Unido que, hasta el día de hoy, no ha logrado abrir una instancia de negociación de fondo. Cada administración, desde la recuperación de la democracia hasta la actualidad, ha ensayado estrategias diferentes —de mayor o menor acercamiento con Londres, iniciativas dirigidas a los isleños, marcos regulatorios más estrictos o aperturas pragmáticas—, aunque ninguna ha conseguido avanzar en una solución definitiva.
Lo que se ha mantenido invariable es el mandato constitucional establecido desde la reforma de 1994: el Estado argentino tiene la obligación de reclamar la soberanía por vías pacíficas. Más allá de los cambios de rumbo entre un gobierno y otro, los resultados en la mesa de negociación han sido magros y la posición británica se ha mantenido firme a lo largo de las décadas.
Inmediatamente después del fin de las hostilidades, el 14 de junio de 1982, el gobierno de facto de Reynaldo Bignone no declaró formalmente el cese del estado de beligerancia, lo que congeló la relación bilateral directa con Londres. El único avance diplomático de ese período fue la Resolución 37/9 de la Asamblea General de la ONU, aprobada en noviembre de ese mismo año, que estableció que el conflicto armado no alteró la naturaleza de la disputa territorial e instó a ambas partes a reanudar negociaciones. Ese primer precedente marcó el inicio de un camino que, tras cuatro décadas y once gobiernos, continúa sin arribar a una solución.