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El giro rotundo del presidente Javier Milei en la causa Malvinas marca también una reconfiguración del poder dentro del Gobierno. Tras dos reuniones de Gabinete y una serie de discursos en los que buscó ponerse al frente de la gestión política, se evidencia que la mesa política pierde peso y que el mandatario redistribuye las fichas del juego interno, en un movimiento que incluye el ascenso de figuras como Santiago Caputo y Federico Sturzenegger, quienes habían sido señalados por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei.

El cambio de rumbo responde, en primer lugar, a una lectura de debilidad política: la caída de la ley de extranjerización de tierras en el Congreso, sin apoyo de los aliados habituales, y el impacto simbólico de la bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” desplegada por los jugadores de la Selección en el Mundial terminaron de inclinar la balanza. Los números de una encuesta de la consultora Aresco resultaron determinantes: el 83,6% de la población sostiene que el Gobierno debe mantener un reclamo firme de soberanía, mientras que apenas el 10,3% coincide con la postura que el propio Milei sostenía el año pasado, cuando afirmaba que debían ser los isleños quienes decidieran su destino.

Ese consenso transversal cruza todo el espectro ideológico: entre los votantes de La Libertad Avanza y Juntos por el Cambio de 2023, el respaldo al reclamo firme alcanza el 81%, y entre el peronismo sube al 92,1%. Son porcentajes suficientes para justificar un viraje histórico, que el Gobierno también lee como oportunidad para recuperar iniciativa política, cerrar la tregua con el peronismo y buscar en la causa Malvinas un punto de unidad nacional en un contexto de crecientes divisiones internas y pérdida de apoyos populares.