Felicitas se enamoró profundamente de un sacerdote y nunca más sintió nada parecido por nadie. Suspiró por él por primera vez cuando fue a misionar al norte argentino y desde entonces, su vida ya no fue la de siempre. “Mis pasiones ocultas no le hicieron mal a nadie y quizá hasta me hayan ayudado a vivir mejor”, expresó
La impostora. Así se llama Felicitas a sí misma porque desde los 18 años estuvo profundamente enamorada de alguien imposible: un hombre que había elegido la vida religiosa y el celibato.
Él, el padre Paul, se había entregado a Dios. Y ella se entregó al padre Paul, pero solo en sueños. Por lo que esta historia de amor rodará por carriles muy poco convencionales dentro de un mundo intangible.
Fuente: InfoB