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Desde Estados Unidos – El fútbol mundial sigue sorprendido por la capacidad de reacción de la selección argentina, que volvió a escribir una página histórica al vencer 2 a 1 a Inglaterra y sellar su pase a la final del Mundial 2026. Es la misma fortaleza que le permitió recuperarse ante Cabo Verde, dar vuelta el 0‑2 contra Egipto en solo 13 minutos y ahora superar a uno de los rivales con mayor tradición del certamen, en un duelo que ya quedó guardado en la memoria colectiva.

Mientras muchos colocaban a Francia como la gran favorita o destacaban la racha de 37 partidos sin perder de España, el equipo dirigido por Lionel Scaloni demostró contar con un ingrediente que no aparece en las estadísticas: corazón, mística y esa capacidad de competir hasta el último aliento. Juegue mejor o peor, la valentía y el amor propio se convirtieron en su arma más letal, bajo el liderazgo indiscutible de Lionel Messi.

“Llegábamos cuestionados, con mucha duda, pero yo sabía que este grupo siempre compite, siempre da más. Cuando está junto saca de donde no tiene”, afirmó el capitán tras el triunfo. Y agregó con claridad: “Estaba seguro que íbamos a estar entre los cuatro y hoy gracias a Dios nos metimos entre los dos mejores. Venimos de ser campeones del mundo, venimos de ser los mejores del mundo durante los últimos cuatro años. Duela a quien duela, digan lo que digan. Nadie nos regala nada y nos volvemos a meter entre los mejores del mundo”.

Con esta actitud, la Albiceleste se ganó el respeto de todo el planeta y se instaló nuevamente en la instancia definitoria, confirmando que más allá de tácticas o nombres, lo que hace única a esta generación es esa fuerza interior que nunca se rinde. Ahora queda solo un paso para volver a tocar el cielo con las manos.