Buenos Aires / Madrid – A solo 32 días del inicio de la Copa del Mundo 2026, la noticia cayó como un balde de agua fría en el entorno de la selección argentina: Nahuel Molina, titular indiscutible en el esquema de Lionel Scaloni, sufrió un desgarro durante el último partido del Atlético de Madrid ante el Celta de Vigo, encuentro que terminó con derrota por 1-0. El cuerpo técnico encendió las señales de alerta, ya que el defensor es una de las piezas clave del equipo y su estado físico pasa a ser una prioridad absoluta a pocas semanas del debut frente a Argelia, programado para el 16 de junio en Kansas City.
Según los primeros informes médicos, se trata de un desgarro de grado 1, una lesión que requiere aproximadamente 21 días de recuperación. Si bien esto asegura que el jugador no corre riesgo de quedar fuera de la lista definitiva de convocados —que se conocerá antes del 30 de mayo, fecha límite fijada por la FIFA—, sí altera por completo la planificación deportiva. La gran incertidumbre no es si llegará, sino en qué condiciones: Molina estará recuperado físicamente, pero lo hará sin haber tenido ritmo de competencia previo, un factor determinante para el nivel de exigencia del Mundial.
El lateral de 28 años, formado en Boca Juniors y con trayectoria en Defensa y Justicia y Rosario Central, consolidó su puesto como titular en el Mundial de Qatar 2022, al imponerse en la interna por el puesto frente a Gonzalo Montiel. En las últimas convocatorias, con el jugador de River Plate también ausente por lesión, Scaloni había recurrido a Agustín Giay, pero la jerarquía y el rendimiento de Molina lo mantienen como la primera opción. Su ausencia en las próximas semanas de entrenamientos y amistosos obligará al cuerpo técnico a ensayar variantes y evaluar el ritmo de recuperación día a día para asegurarse de que, cuando pise la cancha en el debut, esté al 100% de sus posibilidades.