Buenos Aires – Juan Carlos «La Garza» Guzmán es una de esas figuras que guardan la historia viva del fútbol argentino. Se formó en San Lorenzo, pasó por River Plate e Independiente —donde alcanzó la gloria internacional— y, tras el retiro, construyó una larga trayectoria laboral en el ámbito legislativo. Con más de tres décadas vinculado a la Comisión de Deportes del Senado, hoy recuerda su paso por la actividad y alerta sobre una realidad que, dice, se repite desde hace años: “Los clubes se olvidan de sus jugadores cuando dejan de jugar”.
Su carrera comenzó muy joven en las divisiones inferiores del Ciclón, donde tuvo un crecimiento meteórico: saltó de Quinta a Tercera, alternando partidos en Reserva y en categorías superiores. Incluso viajó de gira con el plantel campeón de 1959 por México, Chile y Colombia, compartiendo equipo con leyendas como José Sanfilippo, Roberto «La Oveja» Telch y Carlos Salvador Bilardo. Sin embargo, nunca pudo debutar oficialmente en Primera con el club de sus amores: “Vino Juan Carlos Lorenzo en 1961 y no me quiso. Chacarita pidió mi préstamo con Armando Ferro, pero el Toto Lorenzo prefería a Alberto Mariotti y nos mandaron para allá”, cuenta. Esa salida, que al principio parecía un paso atrás, terminó siendo el punto de partida de su éxito deportivo.
Ya en la actividad profesional, su nombre quedó grabado para siempre en la historia del fútbol al consagrarse bicampeón de la Copa Libertadores con Independiente. Pasó también por River Plate, recorriendo tres de los cinco grandes del país, y vivió una época que contrasta fuertemente con la actualidad: “Antes el fútbol era más natural”, suele decir al comparar la actividad de entonces con la de hoy. Pero más allá de los títulos, lo que más le duele es la suerte de muchos excompañeros: durante su tiempo en el Senado, ayudó a numerosas glorias del deporte que terminaron atravesando dificultades económicas, porque, según explica, las instituciones suelen desconectarse de quienes las hicieron grandes.
Su etapa laboral fuera de las canchas fue extensa y reconocida: ingresó al Senado por recomendación de un amigo del barrio —sin vínculos directos con dirigentes del fútbol como Julio Grondona— y permaneció allí durante 33 años, siempre ligado al área deportiva. “Ahí fui aprendiendo cómo se hacían los homenajes y las premiaciones”, recuerda, y participó en reconocimientos no solo a deportistas, sino también a figuras del espectáculo como Jairo o Cacho Fontana. Hoy, ya jubilado, reparte sus días entre su departamento, charlas con amigos en una placita cercana y el tiempo en familia junto a su esposa y su hija Claudia, conservando intactos los recuerdos de una vida entera dedicada al deporte y al servicio público.