El presidente Javier Milei recali bra sus alianzas políticas mientras se multiplican las tensiones internas que ponen a prueba su camino hacia la reelección. La semana que acaba de transcurri estuvo marcada por episodios que revelan fragilidad: la invitación del economista Alberto Ades al Gabinete desató huracanes en el equipo económico, la relación con Patricia Bullrich sigue siendo un factor de desgaste, y la Iglesia Católica presiona de cara a la próxima visita del Papa León XIV. Tres frentes abiertos que el oficialismo aún no logra cerrar.
El episodio más intenso se produjo alrededor de la presencia de Ades en Casa Rosada. El economista, partidario de relajar la política monetaria para reactivar la economía, fue invitado por el propio Milei a exponer ante el equipo de Gobierno, lo que generó inmediatamente rumores sobre la eventual salida del ministro Luis Caputo. Este último se ausentó alegando malestar físico, pero esa misma noche apareció en un programa televisivo con apariencia saludable, lo que amplió las suspicacias. La situación obligó a Ades a enviar un mensaje de disculpas al titular del Palacio de Hacienda y a conversar personalmente con el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, para aclarar que no aspiraba a reemplazar a nadie. “Si metí la pata, me disculpo”, reconoció, y aunque Caputo le respondió con amabilidad, el incidente dejó al descubierto fisuras que no han desaparecido.
En paralelo, Milei intentó contener las diferencias con Patricia Bullrich, su principal crítica interna, con una reunión de dos horas y media que buscó mostrar unidad, aunque las desavenencias públicas continúan. A esto se suma la presión de la Iglesia en la antesala de la llegada del Papa y el ejemplo de Brasil, donde la disputa electoral demuestra la importancia de consolidar apoyos. La economía estancada, la necesidad de acuerdos políticos y la gestión de tensiones internas conforman así el escenario complejo que el Presidente deberá transitar si pretende presentarse con fortaleza en 2027.