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El presidente Javier Milei cuestionó duramente a los jugadores de la Selección Argentina por haber exhibido una bandera con la leyenda “Las Malvinas son Argentinas” tras el triunfo contra Inglaterra en el Mundial. Según el mandatario, los futbolistas no deberían mezclar el deporte con cuestiones políticas, una postura que reabrió el debate sobre el límite entre las expresiones deportivas y las reivindicaciones históricas nacionales.

En una entrevista televisiva, Milei sostuvo que “no hay que mezclar el agua con el aceite” y argumentó que el fútbol debe permanecer separado de la política. “Es un deporte, es un juego. Mezclar eso es un problema”, afirmó el Presidente, quien incluso vinculó este tipo de manifestaciones con una declaración de guerra. Para fundamentar su posición, tomó como ejemplo a Elvis Presley, recordando que el cantante estadounidense evitó pronunciarse sobre la guerra de Vietnam al considerar que su actividad estaba ligada exclusivamente al entretenimiento.

Las declaraciones presidenciales generaron una nueva polémica en torno a la presencia de la cuestión Malvinas en el deporte, especialmente en un contexto de partido entre Argentina e Inglaterra. La rivalidad entre ambas selecciones quedó atravesada históricamente por el conflicto bélico de 1982 y por el peso simbólico que las islas mantienen para la sociedad argentina, una reivindicación que excede a cualquier gobierno o espacio político determinado.

La comparación de Milei con el ícono del rock estadounidense abrió nuevamente la discusión sobre hasta dónde llegan las expresiones personales de los deportistas y cuándo estas se cruzan con cuestiones de interés nacional. Mientras el Presidente defiende una separación estricta entre deporte y política, para muchos argentinos el reclamo de soberanía sobre las islas constituye un sentimiento identitario que trasciende las canchas y los gobiernos de turno.