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Atlanta, Estados Unidos – Tras la remontada histórica que transformó un 0‑2 en contra en un triunfo por 3‑2 sobre Egipto y aseguró el paso a cuartos de final, Lionel Scaloni no pudo contener sus sentimientos. En una entrevista en el mismo campo de juego, visiblemente conmovido, expresó: “No puedo ni levantar la mirada, lo siento, estoy muy emocionado. ¡Qué grupo de jugadores, hermano!”, antes de retirarse hacia el vestuario. Esa escena resumió el impacto de una victoria que, una vez más, mostró la capacidad del equipo para no rendirse ante la adversidad.

Lo que hoy se conoce como “el método Scaloni” es mucho más que una estrategia táctica: es una forma de gestión de grupo que se detalla incluso en una serie documental estrenada poco antes del inicio de este Mundial. El director técnico, oriundo de Pujato, armó un cuerpo técnico compuesto mayoritariamente por ex futbolistas —como Roberto Ayala, Walter Samuel y Pablo Aimar—, sumado a especialistas en preparación física, análisis de video y trabajo con arqueros. Todos ellos conforman la base de lo que ya es el ciclo más exitoso en la historia de la selección argentina.

Durante esta edición del torneo en Norteamérica, el equipo ha demostrado una madurez emocional destacada. No solo ha tenido que lidiar con la recuperación física de jugadores clave como Nahuel Molina, Gonzalo Montiel, Cristian Romero, Julián Álvarez y Emiliano “Dibu” Martínez, sino también con situaciones personales delicadas, como el momento que atravesó Lionel Messi tras conocerse el estado de salud de su padre.

En ese contexto, el trabajo del cuerpo técnico ha sido fundamental para mantener la unidad y la concentración. La capacidad de transformar la presión, la incertidumbre y los momentos difíciles en motivación colectiva es, precisamente, el sello distintivo que ha llevado a la Albiceleste a soñar con un nuevo título mundial.