Buenos Aires – El sector empresarial y los inversores, tanto locales como extranjeros, muestran un consenso poco habitual respecto a la política económica actual: consideran que el rumbo trazado por el Gobierno de Javier Milei es el adecuado y debe mantenerse y trascender el final del mandato presidencial en 2027. Valoran especialmente los pilares que sostienen el programa: el logro del superávit fiscal, el fortalecimiento del balance del Banco Central, la apertura comercial y el cumplimiento de los compromisos de deuda, puntos que entienden no deberían estar sujetos a cambios políticos futuros. Incluso aquellos sectores que resultaron perjudicados por las medidas de ajuste reconocen que regresar a modelos anteriores —como el cierre de la economía, el manejo discrecional del mercado de cambios o el déficit fiscal estructural— significaría un retroceso con consecuencias muy graves para el país.
Sin embargo, ese apoyo general no implica conformidad total. Los empresarios mantienen intactos sus reclamos y señalan obstáculos urgentes que aún dificultan la producción y la competitividad frente al mercado internacional. Las quejas se centran fundamentalmente en la alta presión impositiva, la falta de controles efectivos contra el contrabando y la necesidad de reactivar la obra pública, puntos que consideran claves para despegar definitivamente. Aunque celebran las mejoras en los indicadores macroeconómicos, advierten que para consolidar el crecimiento es indispensable resolver estos problemas estructurales que pesan sobre la actividad diaria.
Las perspectivas de corto plazo siguen siendo alentadoras. Este jueves se conocerá el índice de inflación correspondiente a mayo, que marcaría una nueva baja, y las proyecciones indican que la tendencia continuará en junio. Analistas como Fernando Marull estiman que este mes podría incluso perforarse la barrera del 2 %, mientras que el Relevamiento de Expectativas de Mercado difundido por el Banco Central sugiere que ese nivel podría alcanzarse recién en agosto. De todas formas, la mirada principal del sector productivo está puesta en las elecciones del año próximo: será la prueba de fuego para confirmar si estas políticas se mantienen en el tiempo y permiten transformar las señales positivas en desarrollo económico sostenido.