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Internacional – Hace años, el presidente Xi Jinping planteó tres grandes metas para el fútbol de su país: clasificar a un Mundial, organizarlo algún día y llegar a ser campeón. De cara a la edición 2026 que se jugará en Estados Unidos, México y Canadá, ninguna de esas aspiraciones se cumplió: la selección nacional quedó nuevamente eliminada en las instancias clasificatorias y el desarrollo deportivo interno sigue muy lejos de las potencias mundiales. Sin embargo, China encontró un camino alternativo para ser protagonista absoluto del evento, cambiando el césped por la producción industrial y convirtiéndose en el gran proveedor global de todo lo que rodea al espectáculo.

Lo que no logró en la cancha, el gigante asiático lo conquistó en las fábricas. Durante los 39 días que durará la competición, los estadios y las calles de las ciudades sedes estarán inundados de productos con el sello “Hecho en China”: camisetas, gorros, bufandas, banderas, pelotas y todo tipo de recuerdos y artículos de animación que llegarán desde allí a todos los rincones del planeta. Si el sueño deportivo quedó frustrado, la apuesta comercial es un éxito rotundo que demuestra su capacidad de producción y abastecimiento a escala mundial.

El corazón de esta operación está en Yiwu, en la provincia de Zhejiang, conocida mundialmente como “el supermercado del mundo”. Su Mercado Internacional de Comercio concentra más de 70.000 puestos y es el centro neurálgico desde donde se organiza el suministro masivo para el torneo. Allí, algunas plantas industriales llegaron a fabricar hasta 4.000 pelotas por día, mientras que en la ciudad portuaria de Qingdao se confeccionaron más de 10 millones de banderas de distintos países. La frase que resume este fenómeno es clara: China no pudo jugar ni ganar el Mundial, pero terminó fabricándolo casi en su totalidad, asegurando así su presencia masiva en cada tribuna.