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El ex presidente sigue encerrado en su departamento de Puerto Madero desde hace unos cuarenta días. El tándem “Qui-Ki”. La guerra sin cuartel entre Kicillof y el cristinismo. Las negociaciones de los gobernadores en el CFI y los intereses cruzados con el PRO y la UCR

El viernes, cuando se cumplió un mes desde que Fabiola Yañez lo denunció en la Justicia por violencia de género, Alberto Fernández llevaba casi cuarenta días encerrado en su departamento de Puerto Madero. Su verdadera cuarentena.

Se recluyó en ese departamento del complejo River View que le presta su amigo Enrique “Pepe” Albistur, y que en algún momento compartió como vecino con Amado Boudou -una noche se toparon en el hall del edificio, por una evacuación-, desde que supo que el diario Clarín estaba por publicar la información. Desesperado, el ex presidente recurrió, sin éxito, a algunos viejos interlocutores para tratar de retrasar la primicia o, en todo caso, moderar los dichos de su ex pareja. Cuando comprendió que no era posible, se derrumbó anímicamente. Sus amigos, algunos ex funcionarios, corrieron a verlo. Lo notaron psicológicamente destrozado. Pidieron que le suministren algunas pastillas para calmarlo. Y que lo vea su médico personal. El martes 6 de agosto, después de negociaciones truncas y de varias llamadas y mensajes entre Madrid y Buenos Aires, la ex Primera Dama lo denunció finalmente ante el juez Julián Ercolini.

Fuente: InfoB

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