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Los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 volvieron a poner a Argentina en los primeros puestos del medallero, pero detrás de cada victoria emerge una realidad mucho más dura: los mismos atletas que suben al podio deben sostener su preparación con esfuerzos personales extremos, tras la caída del apoyo estatal y la reducción de las becas deportivas. Mientras el país celebra las preseas, los protagonistas advierten que mantener el nivel competitivo se vuelve cada vez más cuesta arriba.

La tiradora Fernanda Russo, una de las figuras destacadas, lo expresó con claridad: “Ganamos con el corazón, pero necesitamos financiamiento”. Su reclamo apunta a recuperar inversión genuina en el deporte amateur y a restablecer esquemas de financiamiento estables, como aquel que se sostenía con el 1% de la telefonía celular. La contradicción es evidente: Argentina demuestra tener talento para competir con lo mejor del continente, pero ese potencial se sostiene sobre el sacrificio individual y no sobre una política deportiva sostenida en el tiempo.

Los datos confirman el deterioro: en 2023, el ENARD entregaba becas a 1.380 deportistas. En 2026, la cifra cayó a 807, lo que representa unos 580 atletas menos —una reducción cercana al 42%—, mientras que el presupuesto destinado a este rubro disminuyó un 48%, según un análisis de Chequeado sobre cifras oficiales. Muchos deportistas combinan el entrenamiento con dos o tres empleos, perdieron el respaldo económico y deben buscar recursos propios para costear viajes, equipamiento y concentraciones. El éxito deportivo no ocurre en el vacío: resiste a pesar del desfinanciamiento, no gracias a él.