Tina no se llama Tina y habla de espaldas porque es menor de edad. Vive en un hogar de niños donde -dice- volvió a tener 17 años. Las cicatrices de quien fue criada por su abuela y quien asegura que haber querido conocer a su mamá fue el peor error que cometió. En un episodio de Voces, la vida de una joven que dejó de sentirse hija a los trece años. “Después de la tormenta, siempre pero siempre, viene el sol”, enseña
Su papá la abandonó en una comisaría y su mamá le pegaba y la invitaba a prostituirse: tiene 17 años y aún sueña con ser azafata.
A los 13 años Tina quiso conocer a su madre biológica, y lo que sobrevino fue un infierno de maltrato y abuso. Recién a los 17 recuperó las ganas de soñar, y hoy está enfocada en alcanzar los anhelos propios de su edad, esos que creyó imposibles.
De espaldas a la cámara, debido a que todavía es menor de edad, y con un pseudónimo para ponerle nombre a sus vivencias, abre su corazón y relata los peores cuatro años de su vida. “Este es mi lugarcito, donde al fin estoy tranquila; si me tengo que hacer un café me lo hago, miro una película, leo un libro y estudio”, dice Tina, sentada sobre su cama. Cuenta su historia en primera persona: de una infancia con su abuela paterna donde nada parecía faltarle al día en que supo que ya no tenía hacia dónde correr.
Fuente: InfoB