A las once y dos minutos de la mañana del 9 de agosto de 1945, hace ya ochenta años, la bomba atómica bautizada “Fat Man” explotó a quinientos metros del suelo de Nagasaki. Mientras Hiroshima todavía ardía, un segundo ataque reforzaba lo inevitable: la rendición de Japón y el punto final de la Segunda Guerra. La elección del blanco a exterminar, las tensiones en el Consejo Supremo de Guerra japonés y la declaración del emperador
La bomba atómica lanzada sobre Nagasaki el 9 de agosto de 1945 causó más de 40.000 muertes inmediatas y destruyó la mitad de la ciudad
Fue la bomba olvidada. Era imposible olvidarla, pero quedó tapada por las cenizas de horror de la bomba que destruyó a Hiroshima. Esta, la que cayó en Nagasaki, fue la segunda bomba atómica lanzada contra Japón, que se negaba a aceptar su derrota; era el único país en guerra después de la rendición de Alemania en mayo de 1945, y pretendía, antes que la paz, una invasión aliada a la isla, una lucha a muerte en Tokio calle por calle y casa por casa, y una muerte digna de al menos cien millones de japoneses: desaparecer era mejor que aceptar la derrota.
Fuente: InfoB