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La ciudad que lo vio nacer acompañó en silencio y con respeto a Lionel Messi en uno de los momentos más difíciles de su vida: la despedida de su padre Jorge, quien falleció este sábado 8 de agosto tras una larga enfermedad. El entorno, los fanáticos y el público en general sostuvieron un hermetismo comprensivo, permitiendo que la familia viviera su duelo en intimidad, sin intromisiones ni especulaciones.

Meses atrás, durante el debut del Mundial, las lágrimas del capitán argentino tras convertir un gol habían revelado al mundo que atravesaba “unos días difíciles, complicados”. Mientras soportaba patadas en la cancha y campañas fuera de ella, lo que más lo lastimaba era que se metieran en la intimidad de la salud de su padre. Por eso, regresar a Rosario tras la Copa del Mundo fue un refugio necesario, un regreso al lugar que siempre lo sostuvo y que ahora lo abrazó sin invadirlo.

El respeto fue la tónica dominante: apenas se filtraron detalles de su llegada y partida al aeropuerto, no hubo espectáculos en el cementerio y los vecinos se mantuvieron a distancia. Solo algunos niños, conmovidos por la noticia, dejaron ofrendas en su puerta como muestra de afecto. La ciudad le devolvió así al máximo ídolo todo el cuidado que él y su familia siempre merecieron, permitiéndole despedirse del líder del clan y artífice de su carrera en paz.