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Nación – El gobierno de Javier Milei atraviesa su momento más crítico y complejo desde que asumió, atrapado en una crisis que no cesa de crecer y que tiene como figura central al jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Lo que comenzó como una polémica por sus declaraciones juradas y la justificación de su patrimonio se transformó en un laberinto político del que al Presidente le cuesta enormemente salir. Mantener a su principal colaborador ya no es solo una decisión de lealtad, sino una cuestión de supervivencia política: si lo echa, entrega una victoria a la oposición y a sus propios aliados; si lo sostiene, como ha decidido hacer hasta ahora, arrastra toda la gestión hacia el estancamiento y la pérdida de credibilidad.

En las últimas horas, la única salida que se perfila para descomprimir la tensión es la posibilidad de que Adorni solicite una licencia. “O se aleja o se lo lleva puesto el Congreso”, admitió una fuente oficial muy cercana a la toma de decisiones, reconociendo que el escándalo ya cruzó los límites del Ejecutivo y avanza con fuerza en el Parlamento. El Senado acelera los tiempos para concretar su interpelación, mientras que la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, mantiene la presión al confirmar una sesión clave para el próximo jueves, sin dar marcha atrás ni buscar consensos. Milei, por su parte, muestra una actitud de abulia y aislamiento que preocupa a su entorno, mientras el caso se transformó en un fenómeno masivo que daña la imagen del gobierno, más allá de los intentos por distraer la atención con temas económicos o eventos deportivos.

La ruptura con su principal aliado, el PRO, es ya un hecho consumado y marca un punto de inflexión. No se trató de una opinión aislada o un comentario impulsivo, sino de un documento oficial aprobado por la mesa ejecutiva del partido, integrada por Mauricio Macri, los gobernadores Rogelio Frigerio, Ignacio Torres y Jorge Macri, además de sus principales referentes legislativos. En un mensaje contundente, le reclamaron directamente al Presidente: “Los que estamos apoyando al cambio queremos que usted defienda el cambio y no a Adorni”. La postura fue el resultado de duras discusiones internas y marca el fin de la armonía entre ambos espacios, dejando a Milei cada vez más solo, aferrado a defender a un funcionario que, según sus críticos, confesó una irregularidad y sin embargo sigue ocupando el cargo más alto de la administración después del propio Presidente.