Nación – En los pasillos de la Casa Rosada se respira una tensión que no se intenta ocultar: son horas críticas para el oficialismo, marcadas exclusivamente por la crisis que rodea al jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Durante más de dos años, él fue quien tomó la voz de la moral dentro de La Libertad Avanza, el fiscalizador principal de las conductas públicas y el rostro visible de las promesas de transparencia. Por eso, sus explicaciones sobre su patrimonio —en las que admitió haber omitido bienes pero se definió como “evasor, no corrupto”— no se miden con el mismo rasero que las de cualquier otro funcionario: lo que está en juego es la credibilidad del propio proyecto político. Mientras el presidente Javier Milei decide respaldarlo y aceptar sus argumentos, una parte clave del equipo de gobierno y referentes de aliados como el PRO consideran que la situación es insostenible y esperan que la salida sea inevitable.
La semana fue intensa y estuvieron marcadas por conversaciones reservadas, duras y directas entre quienes integran el círculo más cercano al Presidente. “Javier, Adorni se tiene que ir”, le dijo uno de ellos en un momento de absoluta sinceridad, con la convicción de que era lo correcto aunque le costara decirlo. Según relató luego, sintió cómo la tensión le recorría el cuerpo, pero sostuvo la mirada y completó la idea: “Te lo blanqueo con el mayor de los respetos. Y sabés que jamás te diría lo que tenés que hacer porque no me corresponde. Pero esto es insostenible”. No fue el único: un grupo reducido pero influyente de funcionarios le hizo saber en privado que la polémica no cesa, que cada vez que intentan comunicar una medida o un avance económico, la pregunta es siempre la misma, y que los logros quedan tapados por lo que llaman “la mancha venenosa de Manuel”.
La preocupación cruza también las fronteras de la alianza oficialista. Desde el PRO, socia fundamental del gobierno, la postura es clara y genera aún más ruido: consideran que la permanencia de Adorni daña la imagen de todo el espacio político y contradice los principios que se prometieron desde el primer día. Sin embargo, hasta ahora, Milei optó por respaldar a su principal colaborador, aceptando la distinción que él mismo planteó entre evasión y corrupción, y manteniéndolo en su puesto a pesar de la presión interna y externa. Mientras tanto, en el Gabinete y entre dirigentes, la sensación es que la salida es cuestión de tiempo, y que la renuncia o la remoción se vuelve cada día más necesaria para intentar recuperar el control de la agenda pública.