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El presidente Javier Milei se atrincheró en sus posturas y endureció la línea interna durante una reunión de casi cinco horas en Casa Rosada el último lunes. Primero con sus ministros y luego con diputados y senadores de La Libertad Avanza, el mandatario les transmitió un mensaje claro: “¡No concedan nada!”. Bajó instrucciones para que nadie de su espacio admita públicamente deterioro económico alguno, caída de actividad, pérdida de empleos o merma en el poder adquisitivo de las familias. La consigna, en su lenguaje, fue tajante: “no se dejen psicopatear”.

Durante el encuentro, los legisladores se animaron a plantearle unas 20 preguntas sobre la marcha real de la economía y el impacto social de las medidas. Milei negó de plano cada señal de alerta: rechazó que la actividad productiva esté cayendo, desmintió la destrucción de puestos de trabajo y refutó que los ingresos de los hogares hayan perdido capacidad de compra. Según describió un asistente, “Javier está parado en que todo funciona bien. Como enceguecido”. Lejos de reconocer las dificultades o introducir ajustes, el Presidente optó por radicalizar el discurso y exigir coherencia militante.

El cierre de filas se produce en un contexto de creciente tensión interna. Se registraron cortocircuitos entre el equipo económico y el área política, con visiones divergentes sobre cómo responder a la caída en las encuestas y al malestar social que ya se manifiesta en las calles. La estrategia elegida por el mandatario no es revisar el rumbo, sino reforzarlo: vigilar que los suyos no cedan milímetro en la narrativa y sostener que el modelo avanza según lo previsto, aun cuando la percepción ciudadana muestre lo contrario.