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Buenos Aires – El sistema previsional argentino atraviesa una crisis estructural impulsada por la fuerte disminución del empleo registrado. Según datos de la Seguridad Social, la relación entre trabajadores activos que aportan y jubilados que reciben haberes bajó a 1,42, cuando en 2023 se ubicaba en 1,60: cada vez hay menos personas en actividad para financiar a quienes ya se retiraron. En los últimos 12 meses se perdieron 141.700 puestos en relación de dependencia, y desde el inicio de la gestión actual la baja acumulada supera los 330 mil empleos formales.

El desequilibrio se profundiza al comparar las cifras: respecto a 2023, hay 622.308 aportantes menos, mientras que la cantidad de beneficios previsionales creció en 426.261. Si se toma como referencia el año 2024, la caída de quienes contribuyen alcanza los 546.270, al tiempo que los haberes otorgados aumentaron en 168.395. El esquema solidario, que se basa en que los trabajadores en actividad financien las jubilaciones vigentes, ya no logra sostenerse con los aportes actuales.

A esto se suma que lo que no cubren las contribuciones debe ser completado por el Tesoro Nacional, agravando la situación financiera del organismo. El deterioro también responde a la reducción de salarios y a la baja en las contribuciones patronales. Además, la creación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), que desviará recursos que hoy ingresan a la ANSES para pagar indemnizaciones por despidos, profundizará aún más esta crisis de financiamiento del sistema previsional.