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Julián Álvarez vivió un episodio cargado de tensión en su primera aparición oficial de la temporada con el Atlético de Madrid. En el empate 2-2 ante el Villarreal, los hinchas lo silbaron cada vez que tocó la pelota tras ingresar desde el banco, en medio de una relación quebrada desde que el delantero manifestó su deseo de marcharse al Barcelona y la dirigencia se negó a autorizar esa salida.

Al concluir el partido, mientras el resto del plantel se agrupaba en el círculo central para aplaudir a la afición, Álvarez se apartó desde un principio y se marchó en soledad hacia el vestuario. Según reflejó el diario Marca, la decisión fue recomendada por el cuerpo técnico para evitar que el jugador recibiera nuevos reproches en la zona de las tribunas. El propio entrenador Diego Simeone confirmó posteriormente la indicación.

“Fue el final de una tarde triste para la Araña”, describió el medio español. La imagen del futbolista caminando solo hacia los camarines, mientras sus compañeros saludaban al público, sintetizó la ruptura prácticamente consumada entre el delantero argentino y la institución rojiblanca, sin que hasta el momento se vislumbre una solución al conflicto.