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Frente al autodiagnóstico de un adolescente, la ley actual sólo admite la afirmación, aunque eso implique mutilación de órganos sanos y medicación de por vida. Cinco valientes mujeres cuentan cómo remaron contra la corriente en defensa de la salud física y mental de sus hijas

El debate trans es un debate prohibido. Una sola conducta es admitida: la afirmación del autodiagnóstico de la persona que dice haber nacido en el cuerpo equivocado, incluso si se trata de un menor. Los adultos -padres, docentes, médicos, autoridades- sólo pueden seguirle la corriente al niño o adolescente que afirma “sentirse” del sexo opuesto.

Por eso una de las madres que dan testimonio en esta nota, recuerda que el día que habló por primera vez a un medio lo hizo “como si fuera un delito”, porque estas familias están forzadas a la clandestinidad, al anonimato. Por un lado, para no tensar más el vínculo con sus hijos o hijas a riesgo de perderlos, ya que la ley no estará de su lado, por el otro, para eludir las acusaciones de transfobia que inmediatamente se abaten sobre ellos, porque se ha instalado en la sociedad, de la mano de la difusión constante de la ideología de género, que cambiar de sexo es un juego de niños, que los padres deben incluso celebrar el tener un hijo o hija trans. De los efectos secundarios -muchos irreversibles- de los bloqueadores de pubertad, de la hormonación cruzada y mucho menos de las cirugías mutilantes de reasignación de sexo, poco y nada se dice.

Fuente: InfoB

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