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La mesa política del Gobierno mantiene abiertas tres posibles vías para avanzar con la reforma electoral, una de las iniciativas centrales de la agenda oficialista, aunque admite que aún no cuenta con los apoyos suficientes para darle tratamiento en el Congreso. El proyecto ingresó por el Senado y se califica internamente como “ambicioso”; el Ejecutivo mantiene la meta de aprobarlo antes de fin de año, pero reconoce que primero debe consolidar los acuerdos con gobernadores y espacios aliados. Fuentes cercanas desmintieron versiones contradictorias y aseguraron que “se dicen un millón de estupideces” sobre el tema.

El eje principal de la reforma apunta a eliminar o, en su defecto, suspender las elecciones primarias (PASO), una pieza clave en la estrategia oficialista de cara al proceso electoral del año próximo. Sin embargo, la falta de respaldo parlamentario obliga a profundizar las negociaciones. Desde Balcarce 50 confirman que mantienen diálogo con el PRO, la Unión Cívica Radical y los gobernadores, pero rechazan haber entablado conversaciones con el peronismo, principal bloque opositor.

La estrategia oficialista consiste en construir mayorías paso a paso, priorizando los acuerdos con los aliados antes de someter el proyecto a debate. Sin fecha concreta para su tratamiento y con los votos todavía en duda, el Gobierno concentra sus esfuerzos en convencer a los gobernadores y socios legislativos para lograr que la iniciativa prospere antes de que termine el año.