Buenos Aires – La semana económica dejó señales encontradas para el Gobierno: por un lado, Moody’s elevó la calificación de la deuda argentina de Caa1 a B3, sumándose a otras dos agencias que también mejoraron la perspectiva crediticia en lo que va del año. Por el otro, se confirmó que el EMAE cayó un 0,5 % en mayo, encadenando dos retrocesos mensuales que muestran que la actividad real aún no acompaña los logros macroeconómicos.
El contraste es evidente: mientras se consolidan el superávit fiscal, la acumulación de reservas y la baja de la inflación, los sectores ligados al consumo interno siguen sin despegar. En este contexto, el viceministro José Luis Daza volvió a hablar de “brotes verdes” que empezarían a sentirse en la población, una expresión que remitió a utilizaciones pasadas y generó debate sobre cuándo se trasladarán esos equilibrios a la economía cotidiana.
La suba de nota por parte de la calificadora constituye un respaldo financiero internacional que reduce el riesgo país y facilita el acceso a crédito, pero los datos de actividad advierten que el camino hacia una recuperación generalizada todavía no es inmediato. El equipo económico apuesta a que los fundamentos sólidos terminen impulsando la producción y el empleo, aunque la calle aún no refleja esa mejora.