Évian-les-Bains, Francia – Este lunes 15 de junio dio inicio la reunión anual del Grupo de los Siete (G7) en esta ciudad francesa, con la situación geopolítica internacional como eje central de la agenda. Los jefes de Estado y de Gobierno de las principales potencias industrializadas —Francia, Estados Unidos, Alemania, Italia, Canadá, Japón y Reino Unido—, acompañados por representantes de la Unión Europea, comenzaron sus deliberaciones centrados en dos focos críticos: la escalada de tensiones en Oriente Medio y la continuidad de la guerra en Ucrania. El encuentro busca definir estrategias comunes, coordinar respuestas políticas y analizar el impacto económico y de seguridad que generan estos conflictos a nivel global.
El desarrollo de la cumbre transcurre en un escenario de gran complejidad. En lo que respecta a Oriente Medio, los líderes siguen con atención los últimos movimientos diplomáticos y militares, especialmente las negociaciones impulsadas por Estados Unidos con Irán y cómo estas podrían influir en la estabilidad de toda la región, clave para la seguridad energética mundial. Paralelamente, la guerra en Ucrania ocupa un lugar prioritario: el presidente Volodímir Zelenski participa activamente de las conversaciones para solicitar el mantenimiento y el fortalecimiento del apoyo político, financiero y militar de los países occidentales, mientras se evalúan posibles caminos hacia una solución negociada que ponga fin al conflicto con Rusia.
Mientras los mandatarios debaten en territorio francés, la realidad social se hizo sentir con fuerza en la vecina Suiza, específicamente en la ciudad de Ginebra. Allí, distintas organizaciones y sectores sociales convocaron a manifestaciones que derivaron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, daños en bienes públicos y cortes de tránsito. Las protestas expresan el malestar frente a las decisiones de las grandes potencias, el manejo de las crisis internacionales y las consecuencias económicas que estas generan para la población. La seguridad se ha convertido así en un capítulo más de esta cumbre, que transcurre bajo fuertes medidas de resguardo y con la mirada puesta tanto en las decisiones que se toman en la mesa como en la reacción de la sociedad en las calles.