Buenos Aires – El cierre del Mundial dejó al descubierto fuertes tensiones y errores en la estrategia oficial: desde el feriado anunciado y cancelado horas después, hasta los guiños del presidente que la Selección no devolvió, pasando por el traspié del vocero Adrián Ravier con la expresión “bananero”. Puertas adentro, el oficialismo ya reconoce los tropiezos en una campaña que esperaban exitosa.
El Gobierno venía de relanzar su comunicación tras la salida de Manuel Adorni y confiaba en que el torneo —fuera cual fuera el resultado— generaría un clima positivo. Sin embargo, la secuencia fue la contraria: empezó con la polémica por la bandera de Malvinas, siguió con las expectativas sobre festejos que el plantel no compartió y terminó con la marcha atrás en la medida del feriado nacional.
Horas antes de la final, voces cercanas a Santiago Caputo ya pedían silencio absoluto: “No hay que hablar de nada, a la primera que digamos algo nos putean”, expresaban con exasperación. Pero al mismo tiempo, referentes del propio espacio seguían publicando comentarios públicos, generando más confusión.
Tras el desenlace, el mea culpa es evidente en Balcarce 50: “Intentamos todo lo que pudimos que todos se callen. No hubo caso”, reconocieron con hastío. Lo que debía ser un puente con el sentimiento popular terminó sumando nuevas contradicciones y decepción interna.