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Tras el diagnóstico de cáncer del Papa León XIV, el Gobierno nacional quedó otra vez a la expectativa de una definición por parte de la Santa Sede sobre la eventual visita del pontífice a la Argentina. Mientras el silencio del presidente Javier Milei y la cautela oficial dominan la escena, en la Casa Rosada admiten por lo bajo que algunos dirigentes respiraron aliviados ante la posibilidad de que el viaje no se concrete, aunque aguardan lo que decida finalmente el Vaticano.

La Santa Sede, más preocupada por la salud del Papa que por cualquiera de sus actividades programadas, no comunicó cambios aún a los países de la región que aún tiene planeado visitar, incluida la Argentina. En ese contexto, las autoridades nacionales quedaron en ascuas, sin claridad sobre si la visita se suspenderá o se postergará. La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, reconoció anoche la posibilidad de una reprogramación, lo que abrió un nuevo interrogante: que el Papa termine llegando al país precisamente en el año electoral.

Para el oficialismo, un escenario de ese tipo sería por demás complicado. Ya este año la visita suponía un problema debido a los fuertes cuestionamientos de la Iglesia por temas sociales como la situación de los jubilados, las personas con discapacidad y la pobreza. Más cerca del proceso de campaña, la presencia del pontífice podría convertirse en un factor negativo para el Gobierno, admiten fuentes del espacio oficialista.

La de las visitas papales en año electoral no es una regla escrita, pero en general los papas suelen evitarlas. Si bien no existe una política clara al respecto por parte de León XIV, en el entorno mileísta deslizan que en su corto papado no hay registros de visitas a países en la previa de sus elecciones presidenciales. Mientras tanto, el operativo logístico y de seguridad preparado para la visita se mantiene en stand by, a la espera de novedades que podrían definir no solo la agenda internacional, sino también el rumbo de la campaña electoral argentina.