Las proyecciones de las principales consultoras privadas dibujan un escenario preocupante de cara a la difusión del dato oficial por parte del INDEC este martes: la tendencia descendente de los precios se habría detenido en septiembre, con un índice que superaría el 1,7% registrado en agosto y rondaría el 2%. Los alimentos aparecen como el principal motor de este repunte, en un contexto donde los salarios siguen sin recuperar terreno frente al costo de vida.
Los números que manejan las firmas especializadas son contundentes. LCG detectó que los alimentos básicos subieron un 1,7% solo en la última semana del mes, acumulando un incremento del 2,7% en cuatro semanas. Por su parte, Analytica registró un alza de 0,8% en alimentos y bebidas en la última semana, con un acumulado de 2,8% en el mismo período. Eco Go, con corte en la tercera semana, proyecta una suba de 0,4% en los alimentos consumidos dentro del hogar y estima que la inflación general del mes llegue al 2,2%. C&T Asesores, en tanto, calcula un cierre cercano al 1,9% y una tasa interanual del 33,3%, atribuyendo el empuje principalmente a factores estacionales.
Este panorama complica las previsiones del Gobierno nacional, ya que la persistente presión sobre los precios impide la recuperación del poder adquisitivo de los salarios, uno de los reclamos más extendidos entre la población. A pesar de las señales de alerta, el ministro de Economía, Luis Caputo, ratificó en su última intervención pública que no habrá modificaciones en el programa económico en curso. Reconoció que la inflación sigue siendo alta desde la mirada internacional, pero sostuvo que “todo proceso de estabilización lleva su tiempo” y expresó confianza en que las medidas aplicadas darán resultados.
Mientras la opinión pública aguarda la confirmación oficial, los pronósticos coinciden en que la meta de desinflación gradual se ha topado con obstáculos inesperados, dejando a los hogares en medio de una dinámica donde los gastos cotidianos avanzan más rápido que los ingresos.