En el marco del Día Mundial del Corazón, que se conmemora cada 29 de septiembre, se difunde una guía esencial para identificar y prevenir los principales factores que comprometen la salud del sistema cardiovascular. Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo una de las causas principales de morbilidad y mortalidad en el mundo, por lo que reconocer y modificar hábitos resulta una herramienta clave de protección.
Cinco enemigos cotidianos actúan de forma silenciosa y acumulativa: el tabaco, que aumenta el riesgo de infarto, accidente cerebrovascular y enfermedades de las arterias; el consumo excesivo de alimentos ultraprocesados, que aportan exceso de sodio, azúcares y grasas en desmedro de una nutrición natural; el sedentarismo, vinculado a hipertensión y trastornos metabólicos; dormir poco o mal, un factor que suele pasar desapercibido pero debilita el funcionamiento del corazón y los vasos; y el estrés sostenido, que cuando se prolonga altera el organismo e impulsa conductas poco saludables.
El estrés crónico merece una atención especial: no toda tensión es dañina, pero cuando la respuesta de alerta se mantiene en el tiempo, desencadena un círculo vicioso que favorece el tabaquismo, la mala alimentación, la inactividad física y problemas de sueño. La buena noticia es que todos estos factores pueden prevenirse o revertirse con decisiones cotidianas: dejar de fumar, elegir comidas frescas, mover el cuerpo, descansar bien y aprender a gestionar la tensión constituyen la mejor protección para el corazón.