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El crecimiento del crédito formal en Argentina en los últimos dos años se explica casi enteramente por la expansión de las plataformas digitales. Según un informe del ITBA, la cantidad de personas con acceso a financiamiento pasó de 16 a más de 21 millones, y dentro de ese universo los usuarios de fintechs saltaron de 3,7 a más de 8 millones. En la actualidad, casi el 40% de quienes obtienen un préstamo formal lo hacen por esta vía, principalmente con montos menores y destinados a perfiles que la banca tradicional no suele atender.

El ministro de Economía, Luis Caputo, atribuye el aumento de la morosidad al propio proceso de expansión: sostiene que al volver los bancos a operar como tales, otorgaron también préstamos de menor calidad. Sin embargo, los datos muestran que el fenómeno se concentra en el segmento digital, que atiende a sectores de mayor riesgo y con menores garantías, lo que eleva naturalmente el nivel de incumplimientos en el conjunto del sistema.

Existe además una diferencia clave en el marco regulatorio. Mientras bancos y entidades financieras captan depósitos y operan bajo estrictas normas de capital, liquidez y encaje supervisadas por el Banco Central, los proveedores no financieros de crédito —las fintechs principales— operan con capital propio, no reciben depósitos del público y se rigen por requisitos prudenciales mucho más livianos, aunque deben registrarse ante el organismo. Esta diferencia de reglas y la mayor exposición a perfiles de riesgo mantienen abiertas las alertas sobre la solidez y sostenibilidad del segmento.