Mientras el Gobierno resalta indicadores de recuperación económica, un análisis basado en datos oficiales del INDEC advierte que el mercado laboral argentino atraviesa un fuerte proceso de debilitamiento. En los últimos doce meses se destruyeron 156.786 puestos de trabajo formales, y la totalidad de las nuevas incorporaciones al mercado lo hicieron en la informalidad, sin aportes ni derechos garantizados.
El informe indica que la tasa de informalidad alcanzó el 44,2%, el nivel más alto de los últimos años: casi uno de cada dos trabajadores desarrolla su actividad sin cobertura social, aportes jubilatorios ni amparo en la normativa laboral vigente. La supuesta creación de puestos se explica mayormente por el autoempleo de supervivencia: de los 212.827 nuevos ocupados registrados en el primer trimestre de 2026, casi siete de cada diez corresponden al trabajo por cuenta propia, mientras que el empleo asalariado registrado prácticamente no registró variaciones positivas.
Los datos ponen en evidencia que no existe una expansión genuina del empleo estable, sino una respuesta de miles de personas que buscan subsistir ante la falta de propuestas formales. La situación reabre el debate sobre la calidad de las fuentes de trabajo y el impacto de las medidas económicas en la protección de los derechos de los trabajadores.