Compartir en las Redes

Villa Domínico, Buenos Aires – A medida que avanza la despedida de Carlos “Indio” Solari, queda más claro que no se trata solo de la muerte de un músico, sino de la pérdida de quien supo poner palabras, poesía y sentido a una sociedad muchas veces fragmentada, desprotegida y con las expectativas rotas. Sus letras no fueron solo canciones: fueron frases, ideas y reflexiones que se instalaron en el habla cotidiana de los argentinos, llenando espacios vacíos y convirtiéndose en una especie de brújula o refugio para millones de personas de distintas generaciones que encontraron en su obra un espejo donde mirarse.

En el Polideportivo Gatica y sus alrededores, la realidad contrasta con las voces críticas que intentan empañar el momento. Miles de personas hacen largas filas bajo una tarde que amenaza con llover, lloran, cantan y se abrazan, demostrando un respeto y una sensibilidad conmovedora. La familia del artista anunció que sus restos permanecerán allí “hasta que haga falta”, para que nadie se quede sin despedirlo, especialmente quienes viajaron desde lejos o tienen dificultades para movilizarse. Desde su entorno también pidieron explícitamente que esta despedida sea de unión y homenaje, evitando cualquier acto de violencia o provocación, un llamado que la multitud ha cumplido al pie de la letra.

Sin embargo, como suele ocurrir ante fenómenos populares de esta magnitud, surgen miradas ajenas que buscan encontrar defectos donde solo hay afecto. Hay quienes cuestionan su fortuna, olvidando que se construyó durante décadas de trabajo artístico, mientras normalizan riquezas logradas desde la política sin dar explicaciones. También están quienes piden “no sobreactuar” el dolor, como si la emoción colectiva debiera tener medida o límite. Pero la esencia de lo que construyeron Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota está intacta: incluso en esta despedida llena de tristeza, el llanto se mezcla con el canto y con ese “pogo más triste del universo”, demostrando que fueron, son y serán sinónimo de disfrute, identidad y resistencia, aún en la adversidad.