Buenos Aires – El ahorro en moneda extranjera marcó un hito en el sistema financiero argentino: los depósitos en dólares del sector privado alcanzaron ya los 40.000 millones de dólares, la cifra más alta registrada en los últimos 25 años. Sin embargo, este volumen de dinero acumulado no se traslada a la economía real en la misma proporción. Cerca de la mitad de esos fondos —unos 17.000 millones de dólares— permanecen ociosos dentro de las entidades bancarias y no se utilizan para otorgar préstamos, generando una brecha importante entre la capacidad prestable disponible y el crédito efectivamente otorgado.
Este exceso de liquidez es la razón directa por la cual los bancos ofrecen rendimientos muy bajos para las colocaciones en esta moneda. Por lo general, las tasas de interés por plazos fijos en dólares oscilan entre el 1% y el 2% anual, valores que apenas cubren la conservación del capital. Solo en casos específicos, para inversiones que superan los seis meses, algunas entidades elevan esa rentabilidad por encima del 3%, buscando retener fondos que, por ahora, no encuentran demanda suficiente para ser prestados.
El aumento sostenido de estos depósitos está ligado estrechamente a la demanda de divisas por parte de la población. Solo en abril, la compra neta de dólares por parte de particulares alcanzó los 2.300 millones, y una parte significativa de ese monto quedó depositada en el sistema financiero. En lo que va del año, el crecimiento de los depósitos en moneda dura ya marca un avance del 5%, confirmando la tendencia de los ahorristas de canalizar sus ahorros, históricamente guardados fuera del sistema, hacia las cuentas bancarias, aunque sin que ese dinero llegue todavía a empresas o familias en forma de financiamiento.
Ante este escenario, el economista Domingo Cavallo planteó una salida para desbloquear esos fondos: sugirió tomar como ejemplo los modelos de Perú y Uruguay, países donde no existen limitaciones para que los bancos otorguen créditos en moneda extranjera. Según su análisis, flexibilizar las reglas permitiría movilizar esa masa de dinero hoy inactiva, potenciar la inversión y darle una utilidad productiva a los dólares que hoy funcionan simplemente como reserva de valor dentro del sistema.