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La Matanza, Buenos Aires – Alberto Rubén “Beto” Santarceri, señalado como la cabeza visible de la red de medicina privada ilegal desbaratada recientemente, tiene un historial delictivo extenso y un pasado marcado por hechos de extrema violencia. Además de antecedentes por hurto y robo, su nombre quedó vinculado hace casi dos décadas a un salvaje homicidio ocurrido en diciembre de 2008 en la zona de Virrey del Pino, un episodio que revela la forma de actuar y los contactos con los que contaba para operar fuera de la ley.

Todo comenzó tras la denuncia vecinal por un presunto abuso contra una niña de 12 años. La comunidad se conmocionó y la acusación recayó sobre José Ramón Bareiro, un comerciante paraguayo del barrio. En la noche del 14 de diciembre, cuando faltaban pocos días para la Navidad, un grupo de unas 25 personas, entre las que se encontraban los padres de la menor y allegados, se congregó frente al local polirubro de la calle Griveo al 4900. Armados con piedras, palos, hierros y machetes, rompieron los accesos del comercio y comenzaron la cacería humana. Bareiro, aterrado, se había escondido dentro de un ropero, pero fue encontrado y sometido a una golpiza brutal por parte de la turba enfurecida.

En medio del ataque, uno de los presentes, identificado como Miguel G. —quien actuaba como mano derecha en el grupo— se comunicó por radio con Santarceri y pronunció la frase que quedó registrada en la causa judicial: “Mandame unos cuantos negros, que lo vamos a matar acá”. Minutos después, el propio Santarceri llegó al lugar a bordo de una camioneta 4×4 marca Mitsubishi, de color gris claro, para sumarse a la acción. Aquel episodio terminó con la vida del comerciante y marcó el perfil violento de quien años después montaría una estructura criminal compleja, con clínicas, farmacias y una flota de ambulancias sin habilitación oficial para estafar a miles de usuarios bajo la apariencia de una obra social legítima.