Buenos Aires – A dos años y medio del inicio de la gestión de Javier Milei, el escenario político comienza a transitar una nueva etapa marcada por las especulaciones sobre el desgaste del presidente y la búsqueda de alternativas que garanticen la continuidad del modelo económico. Lo que comenzó como una propuesta rupturista que prometía dinamitar estructuras viejas y refundar el país, hoy es analizada por sectores del empresariado, los medios y el llamado “círculo rojo” desde una óptica pragmática: el foco ya no está solo en la figura del mandatario, sino en cómo sostener el esquema de ajuste, transferencia de ingresos y concentración de riqueza que se implementó desde el inicio. En este contexto, el nombre de la ministra Patricia Bullrich surgió con fuerza como una posible sucesora, abriendo el debate sobre lo que se dio en llamar el “mileísmo sin Milei”.
Según un informe de la consultora Zuban Córdoba titulado “Los sueños del círculo rojo”, las élites económicas y políticas ya están evaluando escenarios futuros donde Milei deje de ser el conductor principal, pero sin alterar el rumbo de fondo. El estudio señala que Bullrich —y también Mauricio Macri— aparecen como referentes para continuar el proyecto, aunque con una limitación clave: ninguno logra construir una base electoral propia fuera del apoyo que hoy tiene el oficialismo. Esto revela que la discusión no pasa por modificar las medidas económicas, sino por encontrar a quien pueda administrarlas con mayor estabilidad política. El eje de la disputa no es cambiar el modelo, sino asegurar que haya alguien capaz de garantizar que el ajuste continúe.
El análisis sostiene que el programa económico no está “fallando”, sino cumpliendo estrictamente su objetivo estructural. “El propósito de un sistema es lo que hace”, recuerda el informe al citar al experto Stafford Beer, y en este sentido, el resultado visible es la transformación profunda de la vida cotidiana de los argentinos. El deterioro social no es un efecto secundario indeseado, sino la columna vertebral de la estrategia: la precarización laboral, el disciplinamiento a través del miedo y la destrucción de los lazos comunitarios son los mecanismos utilizados para lograr una redistribución regresiva de la riqueza, donde los recursos se trasladan desde los sectores de menores ingresos hacia los más concentrados.
Las consecuencias de este reordenamiento se sienten en cada aspecto de la vida diaria. Hoy, las familias organizan su rutina en función del temor a enfermarse, perder el empleo o no poder costear medicamentos. Incluso hábitos simples y necesarios como el deporte o el ocio han quedado de lado: hay trabajadores de aplicaciones, por ejemplo, que dejaron de jugar al fútbol por miedo a lesionarse y perder la posibilidad de generar ingresos. La vida comunitaria y el tiempo libre desaparecieron, reemplazados por una lógica de supervivencia donde el único objetivo es llegar al día siguiente. Bajo esta mirada, la búsqueda de un nuevo garante para el ajuste confirma que el modelo ha logrado cambiar las reglas de juego, y que el poder económico prioriza su continuidad más allá de quién ocupe la presidencia.