Posadas, Misiones – Malvina Lara es una figura reconocida en los barrios de la capital provincial, conocida por estar presente donde el resto no llega: con una frazada en la mano, orientación para iniciar una denuncia y una paciencia infinita, construyendo vínculos de confianza paso a paso. Hace cerca de cinco años sumó a su vocación un lugar en la estructura oficial, al incorporarse a la Subsecretaría de Relaciones con la Comunidad y Violencia de la provincia. Sin embargo, hoy, en un contexto donde el Estado se achica y la crisis económica y social aprieta con fuerza, su tarea se asemeja cada vez más a la de quien intenta sostener con sus propias manos un techo que se desmorona.
“Ser promotora de género es algo innato, algo que estoy ejerciendo todo el tiempo”, explica, marcando que para ella no hay división entre su función pública y su compromiso personal. Pero esa convicción choca cada día con una realidad compleja y contradictoria. Malvina describe con claridad lo que observa en el terreno, sin necesidad de estadísticas para graficar la gravedad del momento: “Hoy la gente está atravesada por distintos tipos de violencia: la económica, el abandono, la falta de presencia del Estado”, señala.
Lo que más la preocupa, y que define el escenario actual, es un círculo vicioso que empeora la situación de las víctimas. La crisis no solo multiplica las necesidades y los casos de violencia, sino que también erosiona y debilita las redes de contención que antes permitían responder y asistir. Quienes trabajan en la atención directa hoy intentan “remendar con hilo roto”, sosteniendo políticas y acompañamientos que requieren recursos, estructura y presencia estatal, justo en el momento en que esas herramientas son las que más faltan.