Nación – La crisis política desatada por la situación patrimonial del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, sigue dividiendo las aguas dentro del oficialismo, aunque el presidente Javier Milei mantiene firme su decisión de sostenerlo en el cargo. Durante la última reunión de la mesa política, el propio Adorni cuestionó duramente a la titular del bloque de La Libertad Avanza en el Senado, advirtiéndole que exponer públicamente las diferencias o las dudas sobre su situación perjudicaba la imagen y la gestión del Gobierno. Sin embargo, las posturas encontradas no se borraron: figuras clave como la ex ministra Patricia Bullrich mantuvieron su postura crítica y volvieron a marcar distancia, dejando en evidencia que el conflicto está lejos de cerrarse.
El jueves pasado, Bullrich había expresado nuevamente en público lo que muchos dirigentes solo comentan en privado: que lo ocurrido con las declaraciones juradas de Adorni no fue un simple error, sino una omisión de carácter ético, y que será la Justicia quien deba definir la situación. Pero lo que ocurrió 48 horas después cambió el foco de las miradas: el sábado por la noche, en la celebración de los 70 años de la dirigente, realizada en un bar cercano al Congreso, apareció como invitada especial Karina Milei, secretaria general de la Presidencia y figura central del círculo de poder. Su presencia, acompañada por Pilar Ramírez, no fue un acto protocolar, sino una señal política clara en medio de la tormenta interna.
La fiesta, organizada por los propios invitados que compartieron los gastos, reunió a unas 50 personas entre referentes políticos y amigos personales de Bullrich. En un momento de máxima tensión, con el Senado apurando una citación y la Cámara de Diputados evaluando iniciar una interpelación y una posible moción de censura contra el jefe de Gabinete, la llegada de la hermana del Presidente fue interpretada como un mensaje inequívoco: más allá de las discrepancias sobre el caso Adorni, el vínculo entre los sectores que representan ambas dirigentes sigue intacto. Para los aliados que venían siguiendo con preocupación el crecimiento de las grietas internas, ese gesto fue exactamente lo que esperaban ver para calmar aguas y confirmar que la alianza política se mantiene firme.