Durante las últimas semanas subieron los dólares paralelos, cayeron las reservas y el riesgo país trepó fuerte. El Presidente y su ministro de Economía empezaron a desesperarse y anunciaron medidas de apuro
El presidente Javier Milei en la ceremonia que conmemoró el 30 aniversario del atentado contra la AMIA
Mi padre enfermó en marzo del 2018 y murió en noviembre de ese mismo año. En esos meses, progresivamente, se fue desprendiendo de la realidad. Yo trataba de hablar con él pero los temas de siempre -el fútbol, la política, la historia judía, sus nietos, sus recuerdos- no alcanzaban para más de unos minutos. Rápidamente se entregaba de nuevo al sopor.
Ese año, el 2018, fue el año en que el dólar le voló por el aire a Mauricio Macri. El billete norteamericano trepaba sin parar, desde 17 a 42 pesos, mientras mi padre se apagaba. Hasta que, a principios del mes de octubre, Guido Sandleris reemplazó a Luis Caputo en el Banco Central, anunció que no emitiría un solo peso más, y el dólar bajó de 43 a 38, donde se mantuvo un montón de meses. Si no había emisión, el dólar no podría subir, porque nadie tendría plata para comprarlo. Eso pensaban.