Las transcribió en una hoja rayada de su carpeta y se las mostró a su neurocirujano. Quería saber si le iba a doler, si iba a ser una intervención rápida, si se tenía que cortar el pelo. La historia de un niño que a los diez años se encontró, con la ropa del colegio, en una guardia de hospital frente a una operación de vida o muerte. Su paso por los ciclos de quimioterapia y sus consejos: “Es difícil, pero se puede… todo se puede”
Las ocho preguntas que Lautaro, un paciente de cáncer de 11 años, le escribió a su médico: “¿Está muy adentro de la cabeza?”
Era lunes por la tarde y en la guardia del Hospital Alemán, Lautaro Demarco esperaba con el uniforme del colegio todavía puesto. Sus padres (Alejandro y Florencia) lo habían pasado a buscar después de clases junto con su hermanito menor, Alejo.
El dolor en la cabeza -punzante e intenso, ubicado en la zona de la nuca- no mejoraba, tampoco los vómitos, pese a la dieta estricta que los médicos le habían prescripto días atrás creyendo que todo se trataba de un dolor estomacal. Y no. Lautaro no había mejorado.
Ese lunes Lautaro no volvió a su casa: quedó internado. “No se pueden ir”, les dijeron los médicos tras un nuevo estudio. El viernes siguiente ingresaría al quirófano para una operación tan urgente como peligrosa: debían extirparle un extraño tumor alojado muy cerca del cerebelo. Las horas de intervención eran una incógnita; lo que podría encontrar el neurocirujano al operar, también. Así, todo rápido, o más bien de golpe, para ese niño de 10 años. De una tarde más a la salida del colegio, a una operación con riesgo de vida
Fuente: InfoB