Ceuta ha vivido esta semana la mayor crisis migratoria de su historia. En menos de dos días, más de 60.000 personas cruzaron la frontera desde Marruecos, desbordando por completo la capacidad de respuesta de una ciudad que cuenta con apenas 84.000 habitantes. El fenómeno supera incluso la crisis de 2021, cuando entre 8.000 y 12.000 personas ingresaron al territorio español en un lapso similar, poniendo a prueba tanto a las autoridades españolas como a las marroquíes y abriendo interrogantes sobre las causas de tal movimiento y la falta de previsión de ambos gobiernos.
Un dato que llama la atención es que en ambas ocasiones el repunte migratorio coincidió con movimientos diplomáticos vinculados a Argelia. En 2021, el detonante fue la hospitalización en La Rioja del entonces líder del Frente Polisario; ahora, la crisis se desató después de la reciente visita del presidente Pedro Sánchez al mandatario argelino. Sin embargo, el Ministerio de Asuntos Exteriores ha negado rotundamente cualquier relación entre la entrada masiva y el viaje a Argelia. “La relación con Marruecos es excelente y en nada se ve afectada por las buenas relaciones con Argelia”, señalaron desde el equipo del ministro José Manuel Albares.
Pero las alarmas ya habían sonado antes de que estallara la crisis. En los días previos, sindicatos y asociaciones policiales advirtieron sobre la creciente presión migratoria y la falta de recursos para gestionar los límites fronterizos con Ceuta. El 24 de julio, el sindicato Independientes de la Guardia Civil (IGC) describió en un comunicado una “difícil situación” para los agentes destinados en la ciudad autónoma por un “incremento de las entradas de migrantes por vía marítima” que mantenía a la plantilla “completamente desbordada”, una advertencia que no alcanzó para evitar el colapso posterior.