Fue un niño infeliz que buscó en los escenarios lo que faltaba en casa. Llegó a tenerlo todo, dinero, rating, popularidad y hasta una depresión silenciosa: “Me asusté cuando en vez de querer matarme quería morirme”. Se peleó con la fama, escapó del sistema y hoy cuenta cómo logró despertar su espíritu
A Solas con Julián Weich
Se trata de cierta habilidad que, en principio, fue “un pesar”. Hablamos de esa “híper extra sensibilidad” que hasta convertirse en el canal del altruismo con y desde el cual hoy elige vivir, ha sido una cornisa sinuosa sobre la que transitó vínculos trascendentales a lo largo de su historia. Uno: con sus padres, en el marco de una “infancia infeliz”. Dos: con el éxito y –enfrentado en ring– con la popularidad. Tres (el de la reivindicación): “Conmigo mismo”, de trayecto en un camino espiritual (“eterno, como debe ser”) en el que, “ya más liviano”, aprendió “que es mejor andar sin rumbo, pero con sentido. Porque así nos equivocamos menos”. Estas son algunas de las lecciones, máximas y reflexiones de Julián Esteban Weich (58), a esta altura de la soirée y a cuarenta años de su debut televisivo.
Fuente: InfoB