Una crecida devastadora arrastrada por un alud de lodo y escombros se desbordó de un río y arrasó pueblos enteros en los distritos de Rasuwa y Nuwakot, en la zona fronteriza entre Nepal y China. El torrente sepultó viviendas, cortó rutas y destruyó puentes, dejando una estela de destrucción que convirtió la zona en escenario de una búsqueda frenética de sobrevivientes entre los escombros.
El vocero oficial Abi Narayan Kafle confirmó hasta el momento 95 víctimas fatales, mientras que 384 turistas —de los cuales 291 son extranjeros— continúan sin ser localizados. A esa cifra se suman también unos 28 agentes de policía reportados como desaparecidos tras el desastre natural, que tomó por sorpresa a la población y a los visitantes que transitaban por la zona.
Del lado chino, en la región del Tíbet limítrofe con Nepal, los medios estatales informaron igualmente de “numerosas víctimas” provocadas por el deslizamiento de tierra. El presidente Xi Jinping ordenó de inmediato poner en marcha una operación de rescate “a gran escala” para asistir a los afectados y recuperar a las personas desaparecidas en el territorio.