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Rubén ha sido la “maravillosa” influencia de sus tres grandes pasiones, aunque también la gran decepción que marcó su vida, desde los 9 y para siempre. Las veces que sintió el desamparo. Las deudas que aceleraron su adultez. Hermanos que no sabe quiénes son. El vínculo con una madre que le enseñó a paternar. La obsesión en la crianza de sus hijas. Y por qué “nada ni nadie me dura”. Relatos íntimos de un “laburante” que dice trabajar “para cambiar la realidad de todos”

A Solas con Esteban Trebucq

Estaba al aire cuando le avisaron que su padre había muerto. Y no lo avergüenza decir que por ese “imperioso sentido profesional”, que lo mantuvo absorto en su métier, siguió la transmisión de su programa hasta el final. “No lo tomé como un hecho relevante”, apunta. Después de todo, “era algo que tenía que pasar”. Llegó al funeral con la obligación en sus hombros y una ofrenda en el bolsillo. A solas, y entre tanto de esas pocas palabras que agrietaban años de ausencias y distancias, sacó el pin del escudo de Estudiantes de La Plata y lo prendió en la solapa del traje de Rubén, “siempre, de saco y corbata”. Así lo recordaba. “Le dije: ‘Gracias por hacerme de Estudiantes’: Y me fui”, cuenta Esteban Marcos Trebucq (48) en esta charla en la que, algo más de seis años y varias reflexiones después, da cuenta de una influencia tan inmensa que ha sabido definirlo en las canchas, en la profesión y hasta frente a sus hijas.

Fuente: InfoB

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