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La construcción atraviesa uno de los períodos más críticos de las últimas décadas en la economía argentina. Desde finales de 2023, la actividad y el empleo formal vinculado a las obras sufrieron una fuerte contracción, provocada por la paralización de la obra pública y el freno en la inversión privada. Los rubros más intensivos en mano de obra fueron los más afectados, con un impacto en el empleo que resultó mucho más severo que el registrado en otros sectores productivos como la industria manufacturera y el comercio.

Según registros oficiales del SIPA y relevamientos del IERIC y el Ministerio de Trabajo, desde noviembre de 2023 se perdieron entre 62.300 y 65.000 puestos de trabajo asalariado registrado en el sector. Esta caída equivale a más del 14% o 15% del total de empleos formales de la construcción. Por sí sola, la actividad explicó cerca de un tercio de todos los puestos de trabajo asalariado privado destruidos en el país —que superaron los 200.000 en total—, demostrando el peso de la crisis sectorial en el mercado laboral nacional.

La magnitud del retroceso se evidencia también al compararlo con otros grandes empleadores: la industria manufacturera perdió unos 66.500 puestos en el mismo lapso, mientras que el comercio registró una contracción importante pero menor en términos relativos. El carácter intensivo en mano de obra de las obras y su histórica dependencia de la inversión pública y privada explican la profundidad de la caída. Por eso, las esperanzas de reactivación del sector se apoyan en la recuperación de esas dos variables: la reanudación de obra pública y la vuelta de la inversión privada en construcción.